sábado, 18 de junio de 2011

FUNDAMENTOS DE LA DIETA ANTIINFLAMATORIA DEL DR. PERRICONE

En el artículo LA OBESIDAD COMO UN PROCESO INFLAMATORIO hemos recogido la argumentación que nos da el Dr. Perricone de cómo y por qué ha llegado a la conclusión de que, entre otras situaciones, existe una inflamación asintomática e invisible en personas con exceso de peso, que a su vez explica la dificultad de perderlo.
La dieta que él nos propone podemos denominarla como dieta antiinflamatoria y, a partir de ahora, profundizaremos en lo que hemos explicado en el artículo anterior y nos adentraremos un poco más en las bases principales en las que se sustenta su autor.

Podría resumirse que las proteínas son necesarias para la reparación celular, mientras que las dietas ricas en hidratos de carbono aceleran el proceso de envejecimiento.
La grasa corporal no se considera ya como un depósito de células grasas inmóvil creado como reservas a consecuencia de una ingestión excesiva de alimentos. La grasa producen hormonas, al igual que órganos como el páncreas, la tiroides... que forman el sistema endocrino. La grasa corporal es un grupo de células que establecer comunicación otros órganos como el cerebro, el hígado, la médula, la corteza suprarrenal, el sistema nervioso simpático y todo sistema inmunitario. La propia grasa corporal es la que controla la cantidad de materia adiposa que va a almacenarse. Ésta afecta también a nuestro apetito, al consumo de energía y al sistema inmunitario y se lleva a cabo mediante la secreción de una hormona llamada adipoquina, proteínas que actúan como mediadoras en todo el cuerpo, que pueden contribuir a crear una inflamación crónica, sistémica, de baja intensidad. Una importante reserva de grasa corporal puede resultar tan arrolladora que obligaría a las las grasas a secretar las sustancias parecidas a las hormonas para aumentar el crecimiento de los dos sanguíneos necesarios para alimentar dicha acumulación de grasa. Pero el crecimiento de los vasos sanguíneos no fue seguir el ritmo del aumento de la masa de la de las células grasas, las cuales empiezan a sufrir por falta de oxígeno. Estas células que se ven privadas de oxígeno liberan unos agentes químicos inflamatorios a fin de estimular el crecimiento del mayor número de vasos sanguíneos.
Este activo grupo de células engendra una serie de problemas en cada órgano, desde el crecimiento óseo a la reproducción sexual. La acumulación de las células grasas que se convierte en un órgano endocrino activo, posee la particularidad de ser el único que envía señales proinflamatorias y destructoras al resto del cuerpo.
La persona obesa se produce un intercambio constante entre grasa y músculo, fenómeno que se acelera cuando se sigue una dieta.
La mayoría de las personas con exceso de peso, especialmente las obesas, presentan altos niveles de insulina, y éstos iniciarán su deseo en cuanto comience la dieta. Se trata de un arma de doble filo, pues, por un lado, el bajo índice de insulina reduce la inflamación y permite que la grasa corporal se transforme en combustible energético y, por otro lado, la insulina es necesaria para llevar las proteínas a las células y conservar la masa muscular.
Las personas con exceso de peso poseen unas células insensibles a la insulina a causa de sus altos niveles crónicos. Es decir, su organismo está tan acostumbrado a los altos niveles que ya no reconoce los superiores y se ve incapaz de desencadenar el consumo de aminoácidos necesarios para conservar la masa muscular (hace falta la insulina para aportar aminoácidos y azúcar al músculo).
Cuando existen altos niveles de insulina en el torrente sanguíneo favorece el aumento de peso pues inhiben la producción de una enzima que descompone la grasa corporal y la transforma en combustible. Además, en ningún momento accedemos está grasa para convertirla en energía y el hambre nos martiriza.
Cuando ingerimos azúcares y alimentos que se cometen a tocar con rapidez, éstos provocan una elevación inmediata de la glucosa en la sangre, lo que genera la liberación de altos niveles de insulina en el torrente sanguíneo. Gracias a ellos se aumenta el peso corporal por medio a dos factores:
1) El cuerpo se deshace del azúcar (tóxica para él) básicamente quemándola. La parte que no consigue quemar se almacena en forma de glicógeno.
2) Cuando las reservas de glucógeno se saturan, el exceso de azúcar se almacena en forma de grasa. Si se sigue consumiendo azúcar, el cuerpo la ira quemando, impidiendo la posibilidad de eliminar la grasa, y así sucesivamente.
Ahora sabemos que:
el factor de transcripción NF-kB es un indicador determinante y una posible causa de la resistencia insulínica.
La proteína reactiva C se presenten niveles elevados también en personas resistencias a la insulina.

La inflamación presenta índices elevados en personas con exceso de peso. La inflamación es responsable de la incapacidad de utilizar la insulina y el azúcar de la sangre como combustibles. La incapacidad de utilizar de forma efectiva la insulina y el azúcar en la sangre lleva a almacenar grasas. Las células grasas almacenadas se transforman en una verdadera fábrica que produce agentes químicos inflamatorios. El aumento de la inflamación inhibe la acción de las insulina y provoca una acumulación adicional de grasa.
Cuando consumimos hidratos de carbono ricos en azúcares, reducimos nuestra valiosísima reservas de serotonina. Un aumento rápido del azúcar en sangre desencadena la liberación de serotonina en el cerebro, neurotrasmisor que podemos considerar del bienestar. Entonces, ya que por nuestro cuerpo circular altos niveles de azúcar, le indica al páncreas que debe secretar insulina para reducir dichos niveles. Cuando la insulina provoca un descenso del nivel de azúcar en sangre, el resultado es una rápida disminución de los niveles de serotonina y esto conlleva una reducción de energía y casi la irresistible necesidad de incluir más alimentos azúcar.
Las mujeres tenemos un nivel más bajo de serotonina, trastornos que podía explicar el por qué a veces necesitamos tomar algo dulce como reconstituyente del desánimo, por ejemplo, en el síndrome premenstrual.
Cuando comemos, la energía de los alimentos, medida en calorías, puede tomar una de las dos vías siguientes:
  • Las calorías pueden quemarse en el mitocondrio para producir ATP, una molécula de fosfato altamente energética utilizada para acumular y liberar energía para el funcionamiento interno del cuerpo. El proceso se conoce como fosforilación oxidativa.
  • A menudo, cuando nos hacemos mayores, los alimentos se acumulan como grasa corporal (los triglicéridos del tejido adiposo) o en forma de glicógeno en el hígado y en los músculos (el glicógeno es la forma en la que se acumulan los alimentos en el cuerpo en forma de energía). Si pudiéramos separar la oxidación y la fosforilación, las calorías de los alimentos podrían quemarse mediante la termogénesis. Esta pasa por encima de la energía que proporciona el ATP. Si la mayor parte de los alimentos que consumimos se transformará en calor corporal, estaríamos delgados.

  • Cuando ingerimos más calorías de las necesarias, el exceso se acumula en forma de grasa corporal. Los ácidos grasos omega 3 nos ayudan a quemar dichas calorías antes de que se almacenen en stock. Interesa por tanto aumentar la ingestión de omega 3 y disminuir la ingestión de hidratos de carbono con alto contenido glicémico y proinflamatorios (azúcares y féculas), así como de grasas saturadas (en la mayor parte de fritos, lácteos entero y carne).
    Con esta fórmula además de mejorar nuestra salud global (nutrir la piel, el pelo, las membranas mucosas, los nervios, las glándulas y ayudar a evitar enfermedades cardiovasculares) se inhibirá la conversión de calorías en grasa corporal. Por otra parte, dichas grasas esenciales fomenta la quema de calorías por parte del cuerpo que incrementan su sensibilidad clínica, con lo cual se evita la acumulación de grasa corporal y se reduce el riesgo de sufrir diabetes y obesidad.
    Los ácidos grasos esenciales omega 3 tienen efecto sobre los niveles de insulina. Unos altos niveles de insulina generan información, razón que explica por qué las personas aumentan de peso y parecen incapaces de perderlo cuando sigue una dieta. Un índice elevado crónico provoca insensibilidad respecto a la insulina. Se sigue liberando un exceso de insulina en la corriente sanguínea y esto lleva a una acumulación de grasa.
    Cuando se añaden aceites grasos esenciales omega3 a la alimentación, las células se sensibilizan respecto a la insulina. Los receptores de estas sustancias se encuentran en la membrana plasmática celular, la que controla la entrada y salida de sustancias en las células. Los ácidos grasos esenciales mantienen flexible esta importantísima y frágil parte de la célula, lo que permite a los receptores mantenerse reactivos a las fluctuaciones de los niveles de insulina, permite a los receptores responder incluso a unas ínfimas cantidades de insulina, lo que nos ayuda a mantener un sano nivel de azúcar en sangre y nos asegura una ingestión adecuada de azúcar y aminoácidos por parte de las células, a fin de crear músculo y reducir los depósitos de grasa; contribuye a la reducción del exceso de grasa al tiempo que disminuye la propensión del cuerpo a almacenarla.
    Junto con el ácido omega 3 también es necesario el omega 6 para constituir y mantener la integridad estructural y funcional de las membranas celulares, para proporcionar combustible para la energía celular y crear unos mensajeros químicos del tipo hormonal (prostaglandinas y los eicosanoides) que regulan numerosas funciones metabólicas.
    Éstos son los objetivos de la dieta Perricone.



    Texto basado en el libro CÓMO VENCER LAS ARRUGAS Y PERDER PESO de Nicholas Perricone


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