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domingo, 18 de septiembre de 2011

LA DULCE TENTACIÓN DEL CHOCOLATE

Durante bastante tiempo hemos estado hablando sobre distintas dietas, investigaciones o libros publicados.
Hoy queremos dar una vuelta de 180°. Seguro que en algún momento has sentido la necesidad de saltarte las normas y prohibiciones, y dar un capricho a tu paladar. Puede ser que después, en lugar de sentirse feliz, te nazca un sentimiento de culpabilidad.
Obviamente, si nuestro propósito es adelgazar, no debemos dejar aparcada nuestra dieta, ni continuar con unos hábitos alimenticios incorrectos.
Pero, cuando estamos en esos días en los que una zanahoria o una manzana no sirve para levantarnos el ánimo, tal vez te convenga saber algunas de las propiedades del chocolate.
No, no son manías, los nutrientes que nos aporta el chocolate nos transmiten sensación de bienestar, tal como nos explica Stéphane Clerget en su libro SOBREPESO EMOCIONAL.
el chocolate está relacionado con la bioquímica de las emociones. El aporte de azúcar y de grasa que produce activa la secreción de serotonina, el ya citado neurotransmisor del bienestar (el mismo cuya tasa sube bajo el efecto de muchos antidepresivos). Además, el chocolate contiene triptófano, un aminoácido esencial presente en la composición de la propia serotonina. Asimismo, contiene tiramina, feniletilamina, cafeína y teobromina, que estimulan el sistema nervioso, facilitan el esfuerzo, aumentan la vigilancia y la eficacia intelectual, y tienen también un efecto antidepresivo. El chocolate aumenta las tasas de endorfina, la morfina natural que nuestro cuerpo fabrica especialmente después de hacer deporte y que posee un formidable efecto de descanso y de apaciguamiento de los dolores de todas clases. En su composición, también encontramos anandamina, el THC natural, un elemento parecido al que hace que para algunos la marihuana sea una delicia, aunque, no hay por qué asustarse, en dosis ínfimas. Por último el magnesio, sobre 30 sobrepeso emocional todo presente en el chocolate negro, tiene un efecto relajante sobre el sistema neuromuscular. Así pues, en el chocolate hay que tener en cuenta todos estos efectos emocionales producidos por los diferentes compuestos.
Limitar la ingesta de chocolate, si este alimento representa una aportación calórica excesiva en la dieta diaria, implica, pues, elegir una alternativa que siga suministrándonos sus compuestos activos. Como alternativas posibles, pueden citarse el café, determinadas plantas (el hipérico, por ejemplo), el deporte u otras actividades placenteras que ponen en marcha la secreción de endorfinas y de feniletilaminas.

Fragmentos extraídos del libro SOBREPESO EMOCIONAL de Stéphane Clerget

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lunes, 27 de junio de 2011

COMO ACTÚAN NUESTRAS EMOCIONES EN EL PESO

Cuando los alimentos llegan al cuerpo, o cuando se siente la necesidad de ingerir calorías, los receptores lo registran a través de las células nerviosas u otras células. Entonces, al nivel de estas últimas, se producen modificaciones eléctricas o bioquímicas que son captadas y transmitidas al cerebro por las hormonas que circulan por la sangre o por los nervios. Las hormonas son unas proteínas mensajeras que están en la sangre y que ponen a los diferentes órganos, entre los que se halla el cerebro, en contacto entre sí.
Mensajeros en el cerebro: los neurotransmisores
A nivel del cerebro propiamente dicho, hay diferentes zonas que actúan en el comportamiento alimentario. Dichas zonas se comunican entre sí y con el resto del organismo a través de los neurotransmisores, sustancias secretadas directamente en el cerebro: la serotonina, la dopamina, la melanocortina, la coliberina, la galanina, etcétera.
Entre estas zonas implicadas, el hipotálamo, glándula situada en la base del cerebro, es el verdadero director de orquesta de todas nuestras secreciones hormonales. Regula, por ejemplo, las hormonas sexuales o las hormonas tiroideas que, como su nombre indica, están secretadas por la glándula tiroidea ubicada en la base del cuello. Además de otros papeles, tanto las hormonas sexuales como las hormonas tiroideas entran en interacción con nuestras emociones y nuestro peso. Así, un exceso de hormonas tiroideas (hipertiroidismo) provoca adelgazamiento. Y a la inversa: un defecto de secreción de las mismas (hipotiroidismo) conlleva una disminución de la velocidad física y cerebral (fatiga) asociada con el aumento de peso. Las hormonas sexuales también intervienen, lo que explica, especialmente, el aumento de peso durante la pubertad o la menopausia.
En el cerebro hay otras zonas implicadas, como el sistema límbico, sede de nuestras emociones. Este sistema está permanentemente relacionado con el hipocampo, que gobierna en gran parte nuestra memoria. Este hecho es el que explica que nuestras emociones pasadas, en especial nuestras vivencias infantiles, tengan que ver con nuestros aumentos de peso emocionales de hoy.
Por último, el córtex, que ocupa la superficie de nuestro cerebro, lleva a cabo la síntesis de las diversas informaciones que nos llegan desde adentro.
Mensajeros en la sangre: las hormonas
Existen varias hormonas implicadas en el aumento de peso.
La insulina está secretada por el páncreas (un órgano digestivo) y almacena el azúcar. El glucagón es la hormona opuesta a la insulina, ya que, al contrario de esta última, libera el azúcar en la sangre. La cortisona y sus derivadas, secretadas por las glándulas suprarrenales (pequeñas glándulas localizadas por encima de los riñones), también desempeñan un gran papel en nuestras emociones, nuestro humor y en particular en el estrés. Asimismo, actúan sobre la distribución de la grasa, favoreciendo especialmente una sobrecarga de grasa en el abdomen y a la altura de la espalda, y provocando, en caso de exceso, una fundición muscular.
La función de la leptina, que proviene directamente del tejido adiposo, es la de señalar la saciedad. Cuando su secreción disminuye, dejamos de sentirnos saciados y seguimos teniendo hambre.
La grelina, recientemente descubierta, es una hormona que secreta el tubo digestivo antes de comer. Su índice de secreción disminuye al final de la comida. Esta hormona estimula el apetito. Actúa sobre el hipotálamo, pero también lo hace directamente sobre las zonas del cerebro que regulan la satisfacción, la motivación y las dependencias. Asimismo ejerce una acción directa sobre las zonas que regulan la memoria, las emociones y la información visual. Bajo su influencia, los centros de recompensa del cerebro se aceleran más cuando el individuo se halla ante el alimento. Como puede verse, las hormonas que regulan el hambre están relacionadas con el cerebro emocional.
La obestatina, al revés de la grelina y aunque la estructura de ambas sea comparable, es una hormona que quita el hambre. Al contrario de la grelina, la obestatina ralentiza la digestión. De hecho, ambas actúan de manera complementaria.
Esta lista de las hormonas que actúan sobre el peso no es exhaustiva. Por otro lado, las hormonas actúan de manera compleja. Se combinan entre sí y con la acción de los neurotransmisores. Las hormonas y los neurotransmisores actúan sobre nuestras emociones, y también constituyen las vías de acceso de la acción de estas últimas sobre el sobrepeso emocional.
Pero las emociones no se limitan a actuar en el cuerpo a través de las hormonas o de los neurotransmisores. También participan en la representación que uno tiene de sí mismo. Esta representación, consciente o no, explica los trastornos del comportamiento alimentario, así como que ciertas partes del cuerpo acumulen más grasa que otras.

Texto recogido en el libro SOBREPESO EMOCIONAL de Stéphane Clerget

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viernes, 24 de junio de 2011

INFLUENCIA DE LAS EMOCIONES EN EL PESO

Que nuestras emociones nos incluyen en nuestro peso y a la hora de adelgazar, no es una teoría que nos venga de nuevo, ya hemos leído otros autores como el método de John Gabriel, en el que nos alentaba a modificar nuestro pensamiento como base fundamental para la pérdida de peso.
En el libro SOBREPESO EMOCIONAL escrito por Stéphane Clerget, se nos explica que nuestras emociones actúan sobre nuestro peso de varias maneras muy lógicas: por un lado podemos comer mayor o menor cantidad que alimentos y, por otro, podemos inclinarnos a elegir unos alimentos en lugar de otros.
Cuando uno está nervioso, se siente un tanto desanimado... la cantidad que comemos puede ser superior o la tendencia por dulces que, al menos a mí me sucede, parecen aminorar la pena, aumentan el nivel de serotonina, que provoca bienestar.
Nuestras emociones también intervienen en nuestra actividad motora y, por tanto, en el gasto energético que realizamos. Además, nos dice su autor, que nuestras emociones actúan directamente sobre nuestro peso, independientemente del comportamiento alimentario, independientemente de la elección y el ejercicio físico, favoreciendo o, por el contrario, obstaculizando el almacenamiento de grasa.
Esta influencia viene determinada a través de las hormonas o de los neurotransmisores del cerebro, nuevamente se vuelve a mencionar la serotonina, importantísima a la hora de transmitir un sentimiento de bienestar.
De la función de las hormonas y los neurotransmisores hablaremos en el próximo post, fundamentalmente por el papel vital que desempeñan y que pueden seguramente explicarnos qué fenómenos se desencadenan.
Pero en el SOBREPESO EMOCIONAL se mencionan algunos puntos que me parecen muy interesantes y que recojo ahora en breves pinceladas, ya que responden a algunas preguntas que en alguna ocasión nos hemos formulado.
  • ¿Qué es el sobrepeso?

  • Se sitúa entre el peso normal y la obesidad. Para afirmar que un individuo tiene sobrepeso, también se debe tener en cuenta su edad, su sexo y su estatura. El índice de masa corporal permite medirlo, puede hablarse de sobrepeso entre 25 y 29,9 y de obesidad más allá de 30.
    El IMC es válido sólo para adultos, excepto durante el embarazo, y no resulta adecuado para las personas muy musculosas. Pero no es un instrumento completo porque no tiene en cuenta ni la importancia del esqueleto, ni la masa muscular, ni la distribución de las grasas.
    La medida del contorno de cintura permite completar en parte dicho índice, hay que utilizar una cinta métrica que debe colocarse justo debajo de la última costilla, sin apretar la piel y después de haber expirado. De este modo puede predecirse mejor los riesgos de padecer enfermedades cardiovasculares y diabetes, vinculados a un exceso de masa grasa.
    Estos riesgos comienzan a aumentar cuando el contorno de cintura este de los 94 cm que los hombres y los 80 cm en las mujeres.
  • ¿Adelgaza hacer deporte?

  • Son muchos los que hablan de lo importante de hacer deporte a la ahora de perder peso. Los beneficios del ejercicio son indudables para el bienestar de todo nuestro organismo: flexibilidad de articulaciones, reforzamiento de musculatura, etc.
    Sin embargo, siempre he dudado si realmente ayudaba a perder kilos por sí solo, porque en mi caso después de realizar ejercicio me aumentaba mucho más el hambre, así que me he visto comprendida en el libro:
    aunque es verdad que con la actividad física se queman calorías, el hambre que dicho esfuerzo general incita a comer más para colmar lo que se ha perdido. No basta con hacer más deporte para adelgazar, sino que lo importante es practicar deportes y aumentar los aportes canónicos.
    Sin embargo, el deporte sigue estando indicado para librarse del sobrepeso maternal por otros efectos beneficiosos... aumenta la estima en uno mismo. Favorece los vínculos sociales... psicológicamente, regula la tensión arterial e induce la secreción de endorfina, la hormona del bienestar, que actúa positivamente contra el humor depresivo, la ansiedad, el estrés y diversas emociones negativas y, por tanto, contra el consecuente sobrepeso emocional. Una sesión de aerobic o una marcha de 3/4 de hora aportan un estado de relajación que puede durar de una a dos horas y que produce un impacto positivo sobre el humor. Por este motivo es mejor practicar deporte durante el día que al anochecer, ya que el estado de bienestar que se produce invita a aprovechar demasiado la velada y a retrasar la hora de acostarse.
    En cambio, la falta de actividad física es una causa de sobrepeso, ya que, como no se queman más antes calorías, tampoco se consumen las emociones negativas, que son factores de sobrepeso emocional.


    Texto basado en el libro SOBREPESO EMOCIONAL de Stéphane Clerget


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