domingo, 17 de julio de 2011

RELACIÓN ENTRE CALORÍAS Y METABOLISMO

Cada vez son más las dietas que se alejan del pensamiento de que para adelgazar debemos controlar y disminuir el número de calorías ingeridas.
Hemos definido lo que son las calorías, así como la cantidad que nos proporcionan los diferentes nutrientes.
Sin embargo, somos conscientes que incluso en las dietas en las que no tenemos que contar calorías, podremos consumir pero no abusar de aquellos alimentos con alto nivel calórico.
Hemos encontrado un libro en el que se nos proporciona otra visión sobre las calorías.


Las calorías son importantes. Pero lo que marca una diferencia en términos del peso y de la salud no es la cantidad de calorías sino la clase de calorías que se consume.
Una caloría es simplemente una unidad de energía. Se define como la cantidad de energía requerida para elevar en un centígrado la temperatura de 1 g de agua a la presión atmosférica del nivel del mar.
Los alimentos nos dan calorías. Consumimos los alimentos y los procesos químicos que constituyen nuestro metabolismo separan esos alimentos y los convierten en energía. Lo que nos permite hacer todo, desde respirar hasta correr maratones, es la combustión de energía creada por nuestra máquina metabólica.
Los alimentos son nuestra gasolina. Consumimos calorías para que haya algo que quemar. Estas calorías del combustible son los que nos hacen funcionar.
Necesitamos cierta cantidad de insumo calórico solamente para que las funciones básicas del cuerpo estén funcionando. Y necesitamos calorías adicionales para hacer cosas como levantarnos o salir a correr.
Isaac Newton probó que toda la energía en el universo se conserva; esta es la primera ley de termodinámica. Si se aplica al peso y a lo que usted sabe de insumo calórico, esta ley sugiere que existe consume el mismo número de calorías que quemar, mantendrá el mismo texto. Si usted come más calorías de las que quemar, subirá de peso; si come menos que lo que, bajará del texto. Esto suena perfectamente lógico. ¿El problema? No es verdad.
Cuando se queman en un laboratorio, las calorías se comportan de igual manera, todas son iguales y liberan la misma cantidad de energía. Sin embargo, cuando hablamos del cuerpo humano, el metabolismo del cuerpo a seis en iguales y que tengan diferentes propiedades.
Las calorías que comemos se absorben a distintas velocidades y tienen diferentes clases de fibra, carbohidratos, proteínas, grasas y nutrientes, los cuales se traducen en señales metabólicas complejas que controlan el peso.
El metabolismo no es algo palpable, no se huele... pero actúa directamente y tiene un gran impacto sobre cómo se consumen las calorías en el cuerpo.
El azúcar de una gaseosa entre la sangre rápidamente mientras que la misma cantidad de azúcar en guisantes o frijoles entra en la sangre de espacio. Si tomamos una gaseosa todo el azúcar que contienen si va a la vez nuestro torrente sanguíneo y las calorías que no usemos en ese momento se almacenarán como grasa. Esa misma cantidad de azúcar si se absorben de forma más lenta podrá ser utilizada por nuestro cuerpo durante más tiempo. Esto significa que se quemarán más y se almacenarán menos calorías. Además, por el alto contenido de fibra de los frijoles, no todas se almacenarán.
La conclusión es que la clase de calorías que consumimos tienen un alto impacto sobre nuestro peso, porque los diferentes tipos de alimentos se metabolizan de forma diferente.
Lo que resulta más interesante es el hecho de que el tipo de calorías tiene un efecto sobre cómo funciona el metabolismo. El tipo de alimentos que comemos tiene un gran impacto sobre lo que nuestros genes le dicen al metabolismo que haga. Esto significa que los tipos de calorías que consumamos actúan como fuente de energía y también como fuente de información o de instrucciones a los genes que controlan el metabolismo.

Los genes controlan las características físicas, pero también controlan el flujo diario de instrucciones que regulan los aspectos de la bioquímica y la fisiología. Controlan la producción de hormonas, los mensajes químicos del cerebro, la presión arterial y el colesterol, así como el ánimo de los procesos de envejecimiento, e incluso juegan un papel en el riesgo de adquirir enfermedades como el cáncer o los problemas cardíacos.
Los genes juegan un papel especialmente importante en el control del metabolismo y del peso.

Los alimentos son más que simple energía o calorías, contienen información que se comunica a los genes y le da instrucciones específicas al metabolismo sobre lo que debe o no debe hacer.

Necesitamos comer en armonía con nuestros genes.
Algunos de nosotros necesitamos más grasa, proteínas y carbohidratos que otros. Necesitamos encontrar lo que nos sirve.

Una dieta de alimentos integrales es la mejor manera de ayudar a los alimentos a comunicarse con los genes uno de estos alimentos no están contaminados con grasas malas para la salud, carbohidratos refinados o alimentos manufacturados y el cuerpo no tiene idea de cómo debe procesar adecuadamente.


Tomamos como fuente el libro ULTRAMETABOLISMO/ULTRAMETABOLISM: UN PLAN SENCILLO PARA BAJAR DE PESO AUTOMÁTICAMENTE escrito por Mark Hyman,Maria Candelaria Posada

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lunes, 27 de junio de 2011

COMO ACTÚAN NUESTRAS EMOCIONES EN EL PESO

Cuando los alimentos llegan al cuerpo, o cuando se siente la necesidad de ingerir calorías, los receptores lo registran a través de las células nerviosas u otras células. Entonces, al nivel de estas últimas, se producen modificaciones eléctricas o bioquímicas que son captadas y transmitidas al cerebro por las hormonas que circulan por la sangre o por los nervios. Las hormonas son unas proteínas mensajeras que están en la sangre y que ponen a los diferentes órganos, entre los que se halla el cerebro, en contacto entre sí.
Mensajeros en el cerebro: los neurotransmisores
A nivel del cerebro propiamente dicho, hay diferentes zonas que actúan en el comportamiento alimentario. Dichas zonas se comunican entre sí y con el resto del organismo a través de los neurotransmisores, sustancias secretadas directamente en el cerebro: la serotonina, la dopamina, la melanocortina, la coliberina, la galanina, etcétera.
Entre estas zonas implicadas, el hipotálamo, glándula situada en la base del cerebro, es el verdadero director de orquesta de todas nuestras secreciones hormonales. Regula, por ejemplo, las hormonas sexuales o las hormonas tiroideas que, como su nombre indica, están secretadas por la glándula tiroidea ubicada en la base del cuello. Además de otros papeles, tanto las hormonas sexuales como las hormonas tiroideas entran en interacción con nuestras emociones y nuestro peso. Así, un exceso de hormonas tiroideas (hipertiroidismo) provoca adelgazamiento. Y a la inversa: un defecto de secreción de las mismas (hipotiroidismo) conlleva una disminución de la velocidad física y cerebral (fatiga) asociada con el aumento de peso. Las hormonas sexuales también intervienen, lo que explica, especialmente, el aumento de peso durante la pubertad o la menopausia.
En el cerebro hay otras zonas implicadas, como el sistema límbico, sede de nuestras emociones. Este sistema está permanentemente relacionado con el hipocampo, que gobierna en gran parte nuestra memoria. Este hecho es el que explica que nuestras emociones pasadas, en especial nuestras vivencias infantiles, tengan que ver con nuestros aumentos de peso emocionales de hoy.
Por último, el córtex, que ocupa la superficie de nuestro cerebro, lleva a cabo la síntesis de las diversas informaciones que nos llegan desde adentro.
Mensajeros en la sangre: las hormonas
Existen varias hormonas implicadas en el aumento de peso.
La insulina está secretada por el páncreas (un órgano digestivo) y almacena el azúcar. El glucagón es la hormona opuesta a la insulina, ya que, al contrario de esta última, libera el azúcar en la sangre. La cortisona y sus derivadas, secretadas por las glándulas suprarrenales (pequeñas glándulas localizadas por encima de los riñones), también desempeñan un gran papel en nuestras emociones, nuestro humor y en particular en el estrés. Asimismo, actúan sobre la distribución de la grasa, favoreciendo especialmente una sobrecarga de grasa en el abdomen y a la altura de la espalda, y provocando, en caso de exceso, una fundición muscular.
La función de la leptina, que proviene directamente del tejido adiposo, es la de señalar la saciedad. Cuando su secreción disminuye, dejamos de sentirnos saciados y seguimos teniendo hambre.
La grelina, recientemente descubierta, es una hormona que secreta el tubo digestivo antes de comer. Su índice de secreción disminuye al final de la comida. Esta hormona estimula el apetito. Actúa sobre el hipotálamo, pero también lo hace directamente sobre las zonas del cerebro que regulan la satisfacción, la motivación y las dependencias. Asimismo ejerce una acción directa sobre las zonas que regulan la memoria, las emociones y la información visual. Bajo su influencia, los centros de recompensa del cerebro se aceleran más cuando el individuo se halla ante el alimento. Como puede verse, las hormonas que regulan el hambre están relacionadas con el cerebro emocional.
La obestatina, al revés de la grelina y aunque la estructura de ambas sea comparable, es una hormona que quita el hambre. Al contrario de la grelina, la obestatina ralentiza la digestión. De hecho, ambas actúan de manera complementaria.
Esta lista de las hormonas que actúan sobre el peso no es exhaustiva. Por otro lado, las hormonas actúan de manera compleja. Se combinan entre sí y con la acción de los neurotransmisores. Las hormonas y los neurotransmisores actúan sobre nuestras emociones, y también constituyen las vías de acceso de la acción de estas últimas sobre el sobrepeso emocional.
Pero las emociones no se limitan a actuar en el cuerpo a través de las hormonas o de los neurotransmisores. También participan en la representación que uno tiene de sí mismo. Esta representación, consciente o no, explica los trastornos del comportamiento alimentario, así como que ciertas partes del cuerpo acumulen más grasa que otras.

Texto recogido en el libro SOBREPESO EMOCIONAL de Stéphane Clerget

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viernes, 24 de junio de 2011

INFLUENCIA DE LAS EMOCIONES EN EL PESO

Que nuestras emociones nos incluyen en nuestro peso y a la hora de adelgazar, no es una teoría que nos venga de nuevo, ya hemos leído otros autores como el método de John Gabriel, en el que nos alentaba a modificar nuestro pensamiento como base fundamental para la pérdida de peso.
En el libro SOBREPESO EMOCIONAL escrito por Stéphane Clerget, se nos explica que nuestras emociones actúan sobre nuestro peso de varias maneras muy lógicas: por un lado podemos comer mayor o menor cantidad que alimentos y, por otro, podemos inclinarnos a elegir unos alimentos en lugar de otros.
Cuando uno está nervioso, se siente un tanto desanimado... la cantidad que comemos puede ser superior o la tendencia por dulces que, al menos a mí me sucede, parecen aminorar la pena, aumentan el nivel de serotonina, que provoca bienestar.
Nuestras emociones también intervienen en nuestra actividad motora y, por tanto, en el gasto energético que realizamos. Además, nos dice su autor, que nuestras emociones actúan directamente sobre nuestro peso, independientemente del comportamiento alimentario, independientemente de la elección y el ejercicio físico, favoreciendo o, por el contrario, obstaculizando el almacenamiento de grasa.
Esta influencia viene determinada a través de las hormonas o de los neurotransmisores del cerebro, nuevamente se vuelve a mencionar la serotonina, importantísima a la hora de transmitir un sentimiento de bienestar.
De la función de las hormonas y los neurotransmisores hablaremos en el próximo post, fundamentalmente por el papel vital que desempeñan y que pueden seguramente explicarnos qué fenómenos se desencadenan.
Pero en el SOBREPESO EMOCIONAL se mencionan algunos puntos que me parecen muy interesantes y que recojo ahora en breves pinceladas, ya que responden a algunas preguntas que en alguna ocasión nos hemos formulado.
  • ¿Qué es el sobrepeso?

  • Se sitúa entre el peso normal y la obesidad. Para afirmar que un individuo tiene sobrepeso, también se debe tener en cuenta su edad, su sexo y su estatura. El índice de masa corporal permite medirlo, puede hablarse de sobrepeso entre 25 y 29,9 y de obesidad más allá de 30.
    El IMC es válido sólo para adultos, excepto durante el embarazo, y no resulta adecuado para las personas muy musculosas. Pero no es un instrumento completo porque no tiene en cuenta ni la importancia del esqueleto, ni la masa muscular, ni la distribución de las grasas.
    La medida del contorno de cintura permite completar en parte dicho índice, hay que utilizar una cinta métrica que debe colocarse justo debajo de la última costilla, sin apretar la piel y después de haber expirado. De este modo puede predecirse mejor los riesgos de padecer enfermedades cardiovasculares y diabetes, vinculados a un exceso de masa grasa.
    Estos riesgos comienzan a aumentar cuando el contorno de cintura este de los 94 cm que los hombres y los 80 cm en las mujeres.
  • ¿Adelgaza hacer deporte?

  • Son muchos los que hablan de lo importante de hacer deporte a la ahora de perder peso. Los beneficios del ejercicio son indudables para el bienestar de todo nuestro organismo: flexibilidad de articulaciones, reforzamiento de musculatura, etc.
    Sin embargo, siempre he dudado si realmente ayudaba a perder kilos por sí solo, porque en mi caso después de realizar ejercicio me aumentaba mucho más el hambre, así que me he visto comprendida en el libro:
    aunque es verdad que con la actividad física se queman calorías, el hambre que dicho esfuerzo general incita a comer más para colmar lo que se ha perdido. No basta con hacer más deporte para adelgazar, sino que lo importante es practicar deportes y aumentar los aportes canónicos.
    Sin embargo, el deporte sigue estando indicado para librarse del sobrepeso maternal por otros efectos beneficiosos... aumenta la estima en uno mismo. Favorece los vínculos sociales... psicológicamente, regula la tensión arterial e induce la secreción de endorfina, la hormona del bienestar, que actúa positivamente contra el humor depresivo, la ansiedad, el estrés y diversas emociones negativas y, por tanto, contra el consecuente sobrepeso emocional. Una sesión de aerobic o una marcha de 3/4 de hora aportan un estado de relajación que puede durar de una a dos horas y que produce un impacto positivo sobre el humor. Por este motivo es mejor practicar deporte durante el día que al anochecer, ya que el estado de bienestar que se produce invita a aprovechar demasiado la velada y a retrasar la hora de acostarse.
    En cambio, la falta de actividad física es una causa de sobrepeso, ya que, como no se queman más antes calorías, tampoco se consumen las emociones negativas, que son factores de sobrepeso emocional.


    Texto basado en el libro SOBREPESO EMOCIONAL de Stéphane Clerget


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    martes, 21 de junio de 2011

    ¿QUÉ ES LA CETOSIS?

    No es la primera vez que lo comentamos, pero como últimamente vemos que están en auge diferentes dietas que nos dicen que no tendremos hambre al llegar a una fase de cetosis, creemos interesante incidir algo más sobre el tema.
    Son en esencia a todas aquellas dietas en el que está prohibido durante un cierto tiempo el consumo de cualquier tipo de hidratos de carbono. No son extremadamente novedosas ya que una de estas dietas seria la dieta del doctor Atkinson, aunque cada una presentará alguna variante como el consumo de algunas barras, sobres... Perdonad que sea tan mal pensada, quizás sean esos productos el negocio principal en el que se sustentan.

    Intentaremos responder a la pregunta que todos deberíamos formularnos ante palabras cuyo significado desconocemos. ¿Qué es la cetosis?
    Hemos encontrado exposiciones de varios autores que nos parecen muy interesante compartir con todos vosotros, aunque procuraremos simplificarlo primero con nuestras palabras.
    La idea principal de este tipo de dieta consiste en no consumir energía en forma de hidratos de carbono.
    Como ya hemos explicado en innumerables ocasiones, si la energía que nos aportan no es utilizada, se acumula en forma de glucógeno, que servirá de fuente para alimentar nuestro cerebro, y llenos nuestros depósitos de glucógeno, el resto se acumulará en forma de grasa.
    Pero cuando no ingerimos hidratos de carbono ni grasas, nuestro organismo deberá recurrir a nuestra reserva de grasa para aportar energía a nuestras células.
    La ventaja de estas dietas es que realmente se consigue una pérdida de peso relativamente rápido, aunque por cuestiones de salud no debería más quemantenerse sólo durante unos días.
    Además, también también hemos leído en muchas ocasiones, lo más complicado para una persona que pierde peso es no volver a recuperar los kilos, y en estos casos, donde no ha habido un cambio de hábitos alimenticios, tampoco parece muy posible.
    Esto es sólo un simple resumen. Sin embargo, vamos a profundizar más en el tema de la cetosis. ¿Es tan sano el ayuno como algunos dicen? El efecto sería idéntico, el cuerpo recorre a sus reservas de grasa. En el libro Quimica para el nuevo Milenio- 8b, escrito por John William Hill,Doris K Kolb nos ofrecen otro punto de vista, según mi opinión, bastante certero. Nos adentramos pues a profundizar sobre el tema que desarrollamos: la cetosis.

    Cuando se priva totalmente de alimentos al organismo, voluntaria o involuntariamente, cuando realizamos un ayuno total, las reservas de glucógeno se agotan rápidamente y organismo recurre a su reservas de grasas. La primera grasa que se utiliza es la que rodea al corazón y a los riñones, y luego se toma de otras partes del cuerpo. Finalmente, hasta la médula ósea, que también es un depósito de grasa, se agota, y se vuelve roja y gelatinosa cuando en un estado normal sería blanca y firme.
    Cuando el cuerpo tiene que obtener la energía de las grasas almacenadas se produce la cetosis, en la que aparecerá en la orina los compuestos llamados cuerpos cetónicos. Uno de ellos es la acetona. Los otros son el ácido acetoacético y el ácido b-hidroxibutírico. En conjunto estas sustancias se llamaron cuerpos cetónicos aunque una de ellas no es una cetona. Dos de ellos son ácidos.
    La Cetosis rápidamente se convierte en acidosis, el pH de la sangre baja y obstaculiza el transporte de oxígeno. La falta de oxígeno produce depresión y letargo.

    En las dietas bajas en carbohidratos más extremas se induce deliberadamente la Cetosis. Es natural que dos de los efectos secundario sea la depresión y letargo. En las primeras etapas de una dieta deficiente en carbohidratos, el organismo convierte los aminoácidos en glucosa. El cerebro necesita glucosa; no puede obtener suficiente energía de las grasas. Si en la dieta hay suficientes proteínas adecuadas se salva las proteínas de los tejidos.
    En las primeras etapas las proteínas del cuerpo se metabolizan con relativa rapidez. Después de varias semanas, la tasa de catabolismo de las proteínas baja considerablemente, a medida que el cerebro se ajusta al uso de los productos de catabolismo de los ácidos grasos como fuente de energía. Una vez que se reducen sustancialmente las reservas de grasas, el cuerpo debe recurrir una vez más a sus proteínas estructurales para obtener la energía que requiere.
    Incluso las dietas bajas en carbohidratos que incluyen suficientes proteínas adecuadas hacen sufrir a nuestro organismo, el cual debe deshacerse de los compuestos de nitrógeno (amoníaco y urea) que se forman al descomponerse las proteínas. Esto somete al hígado a un esfuerzo mayor pues es ahí donde se forman los frutos de desecho.
    Es interesante señalar que, al contrario de lo que mucha gente cree, el ayuno no limpia el organismo. De hecho ocurre lo contrario. Un cambio al catabolismo de grasas producen los cuerpos cetónicos de catabolismo de proteínas produce amoníaco, urea y otros desechos.

    La formación de los cuerpos cetónicos se forman en el hígado y en menos proporción en el riñón. Las cetonas son metabolitos que se obtienen de la oxidación de los ácidos grasos por el hígado y que pasar la sangre. Cuando el hígado contiene cantidades normales de glucógeno no se produce más cetona que la que puede ser utilizada por los músculos y por los tejidos.
    Cuando la dieta es deficiente en carbohidratos, especialmente en la glucosa, o hay problemas del metabolismo del carbohidrato como sucedería en personas con diabetes, se presenta una disminución de glucógeno hepático, lo que provoca una sobreproducción de ácidos grasos a partir de las grasas del organismo con una producción excesiva de cetonas. En tales circunstancias, la producción de cetonas excede la capacidad de los tejidos para oxidarlas, lo que causa la Cetosis, caracterizada por la acumulación de cetonas en sangre y su excreción por la orina.
    En la sangre y otros líquidos tisulares está cetonas se combinan con bases, lo cual implica que en el caso de la Cetosis se reduzca la reservas alcalinas del organismo, con reducción concomitante del poder de combinación del plasma con el CO2 y se constituye así a la acidosis.
    El aumento progresivo de la cetonuria (excreción por la orina de las cetonas) es de pronóstico grave, resultado del peligro la producción de los ácidos diacético y Beta hidroxibutírico. La presencia de estos ácidos en la orina, especialmente del segundo, amenaza de un posible coma diabético.
    La Cetosis prolongada puede reducir la resistencia y ocasionar cansancio, además de provocar síntomas gastrointestinales. Se han descrito síntomas colaterales indeseables como litiasis vesicular y renal y disminución de la masa ósea. Debido al aumento de la demanda que produce las dietas hiperproteicas sobre la función excretora se puede exacerbar una alteración preexistente de la función renal por lo que estas dietas podrían ser peligrosas en algunos pacientes.
    Cetosis el estado en el que se acumularon cuerpos cetónicos en los tejidos y líquidos corporales. Los signos de Cetosis o nauseas, vómitos y dolor gástrico que puede conducir a la cetoacidosis, siendo la más conocida es la diabética. Los trastornos o nauseas, vómitos, dolor al orinar, deshidratación, respiración rápida y en casos graves pérdidas de conciencia e incluso letales.


    Fuente:
  • Quimica para el nuevo Milenio- 8b, escrito por John William Hill,Doris K Kolb
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  • Nutrición: texto y atlas, escrito por Hans Konrad Biesalski,Peter Grimm,Peter Grimm (M.D.),Susanne (col.) Nowitzki
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  • sábado, 18 de junio de 2011

    FUNDAMENTOS DE LA DIETA ANTIINFLAMATORIA DEL DR. PERRICONE

    En el artículo LA OBESIDAD COMO UN PROCESO INFLAMATORIO hemos recogido la argumentación que nos da el Dr. Perricone de cómo y por qué ha llegado a la conclusión de que, entre otras situaciones, existe una inflamación asintomática e invisible en personas con exceso de peso, que a su vez explica la dificultad de perderlo.
    La dieta que él nos propone podemos denominarla como dieta antiinflamatoria y, a partir de ahora, profundizaremos en lo que hemos explicado en el artículo anterior y nos adentraremos un poco más en las bases principales en las que se sustenta su autor.

    Podría resumirse que las proteínas son necesarias para la reparación celular, mientras que las dietas ricas en hidratos de carbono aceleran el proceso de envejecimiento.
    La grasa corporal no se considera ya como un depósito de células grasas inmóvil creado como reservas a consecuencia de una ingestión excesiva de alimentos. La grasa producen hormonas, al igual que órganos como el páncreas, la tiroides... que forman el sistema endocrino. La grasa corporal es un grupo de células que establecer comunicación otros órganos como el cerebro, el hígado, la médula, la corteza suprarrenal, el sistema nervioso simpático y todo sistema inmunitario. La propia grasa corporal es la que controla la cantidad de materia adiposa que va a almacenarse. Ésta afecta también a nuestro apetito, al consumo de energía y al sistema inmunitario y se lleva a cabo mediante la secreción de una hormona llamada adipoquina, proteínas que actúan como mediadoras en todo el cuerpo, que pueden contribuir a crear una inflamación crónica, sistémica, de baja intensidad. Una importante reserva de grasa corporal puede resultar tan arrolladora que obligaría a las las grasas a secretar las sustancias parecidas a las hormonas para aumentar el crecimiento de los dos sanguíneos necesarios para alimentar dicha acumulación de grasa. Pero el crecimiento de los vasos sanguíneos no fue seguir el ritmo del aumento de la masa de la de las células grasas, las cuales empiezan a sufrir por falta de oxígeno. Estas células que se ven privadas de oxígeno liberan unos agentes químicos inflamatorios a fin de estimular el crecimiento del mayor número de vasos sanguíneos.
    Este activo grupo de células engendra una serie de problemas en cada órgano, desde el crecimiento óseo a la reproducción sexual. La acumulación de las células grasas que se convierte en un órgano endocrino activo, posee la particularidad de ser el único que envía señales proinflamatorias y destructoras al resto del cuerpo.
    La persona obesa se produce un intercambio constante entre grasa y músculo, fenómeno que se acelera cuando se sigue una dieta.
    La mayoría de las personas con exceso de peso, especialmente las obesas, presentan altos niveles de insulina, y éstos iniciarán su deseo en cuanto comience la dieta. Se trata de un arma de doble filo, pues, por un lado, el bajo índice de insulina reduce la inflamación y permite que la grasa corporal se transforme en combustible energético y, por otro lado, la insulina es necesaria para llevar las proteínas a las células y conservar la masa muscular.
    Las personas con exceso de peso poseen unas células insensibles a la insulina a causa de sus altos niveles crónicos. Es decir, su organismo está tan acostumbrado a los altos niveles que ya no reconoce los superiores y se ve incapaz de desencadenar el consumo de aminoácidos necesarios para conservar la masa muscular (hace falta la insulina para aportar aminoácidos y azúcar al músculo).
    Cuando existen altos niveles de insulina en el torrente sanguíneo favorece el aumento de peso pues inhiben la producción de una enzima que descompone la grasa corporal y la transforma en combustible. Además, en ningún momento accedemos está grasa para convertirla en energía y el hambre nos martiriza.
    Cuando ingerimos azúcares y alimentos que se cometen a tocar con rapidez, éstos provocan una elevación inmediata de la glucosa en la sangre, lo que genera la liberación de altos niveles de insulina en el torrente sanguíneo. Gracias a ellos se aumenta el peso corporal por medio a dos factores:
    1) El cuerpo se deshace del azúcar (tóxica para él) básicamente quemándola. La parte que no consigue quemar se almacena en forma de glicógeno.
    2) Cuando las reservas de glucógeno se saturan, el exceso de azúcar se almacena en forma de grasa. Si se sigue consumiendo azúcar, el cuerpo la ira quemando, impidiendo la posibilidad de eliminar la grasa, y así sucesivamente.
    Ahora sabemos que:
    el factor de transcripción NF-kB es un indicador determinante y una posible causa de la resistencia insulínica.
    La proteína reactiva C se presenten niveles elevados también en personas resistencias a la insulina.

    La inflamación presenta índices elevados en personas con exceso de peso. La inflamación es responsable de la incapacidad de utilizar la insulina y el azúcar de la sangre como combustibles. La incapacidad de utilizar de forma efectiva la insulina y el azúcar en la sangre lleva a almacenar grasas. Las células grasas almacenadas se transforman en una verdadera fábrica que produce agentes químicos inflamatorios. El aumento de la inflamación inhibe la acción de las insulina y provoca una acumulación adicional de grasa.
    Cuando consumimos hidratos de carbono ricos en azúcares, reducimos nuestra valiosísima reservas de serotonina. Un aumento rápido del azúcar en sangre desencadena la liberación de serotonina en el cerebro, neurotrasmisor que podemos considerar del bienestar. Entonces, ya que por nuestro cuerpo circular altos niveles de azúcar, le indica al páncreas que debe secretar insulina para reducir dichos niveles. Cuando la insulina provoca un descenso del nivel de azúcar en sangre, el resultado es una rápida disminución de los niveles de serotonina y esto conlleva una reducción de energía y casi la irresistible necesidad de incluir más alimentos azúcar.
    Las mujeres tenemos un nivel más bajo de serotonina, trastornos que podía explicar el por qué a veces necesitamos tomar algo dulce como reconstituyente del desánimo, por ejemplo, en el síndrome premenstrual.
    Cuando comemos, la energía de los alimentos, medida en calorías, puede tomar una de las dos vías siguientes:
  • Las calorías pueden quemarse en el mitocondrio para producir ATP, una molécula de fosfato altamente energética utilizada para acumular y liberar energía para el funcionamiento interno del cuerpo. El proceso se conoce como fosforilación oxidativa.
  • A menudo, cuando nos hacemos mayores, los alimentos se acumulan como grasa corporal (los triglicéridos del tejido adiposo) o en forma de glicógeno en el hígado y en los músculos (el glicógeno es la forma en la que se acumulan los alimentos en el cuerpo en forma de energía). Si pudiéramos separar la oxidación y la fosforilación, las calorías de los alimentos podrían quemarse mediante la termogénesis. Esta pasa por encima de la energía que proporciona el ATP. Si la mayor parte de los alimentos que consumimos se transformará en calor corporal, estaríamos delgados.

  • Cuando ingerimos más calorías de las necesarias, el exceso se acumula en forma de grasa corporal. Los ácidos grasos omega 3 nos ayudan a quemar dichas calorías antes de que se almacenen en stock. Interesa por tanto aumentar la ingestión de omega 3 y disminuir la ingestión de hidratos de carbono con alto contenido glicémico y proinflamatorios (azúcares y féculas), así como de grasas saturadas (en la mayor parte de fritos, lácteos entero y carne).
    Con esta fórmula además de mejorar nuestra salud global (nutrir la piel, el pelo, las membranas mucosas, los nervios, las glándulas y ayudar a evitar enfermedades cardiovasculares) se inhibirá la conversión de calorías en grasa corporal. Por otra parte, dichas grasas esenciales fomenta la quema de calorías por parte del cuerpo que incrementan su sensibilidad clínica, con lo cual se evita la acumulación de grasa corporal y se reduce el riesgo de sufrir diabetes y obesidad.
    Los ácidos grasos esenciales omega 3 tienen efecto sobre los niveles de insulina. Unos altos niveles de insulina generan información, razón que explica por qué las personas aumentan de peso y parecen incapaces de perderlo cuando sigue una dieta. Un índice elevado crónico provoca insensibilidad respecto a la insulina. Se sigue liberando un exceso de insulina en la corriente sanguínea y esto lleva a una acumulación de grasa.
    Cuando se añaden aceites grasos esenciales omega3 a la alimentación, las células se sensibilizan respecto a la insulina. Los receptores de estas sustancias se encuentran en la membrana plasmática celular, la que controla la entrada y salida de sustancias en las células. Los ácidos grasos esenciales mantienen flexible esta importantísima y frágil parte de la célula, lo que permite a los receptores mantenerse reactivos a las fluctuaciones de los niveles de insulina, permite a los receptores responder incluso a unas ínfimas cantidades de insulina, lo que nos ayuda a mantener un sano nivel de azúcar en sangre y nos asegura una ingestión adecuada de azúcar y aminoácidos por parte de las células, a fin de crear músculo y reducir los depósitos de grasa; contribuye a la reducción del exceso de grasa al tiempo que disminuye la propensión del cuerpo a almacenarla.
    Junto con el ácido omega 3 también es necesario el omega 6 para constituir y mantener la integridad estructural y funcional de las membranas celulares, para proporcionar combustible para la energía celular y crear unos mensajeros químicos del tipo hormonal (prostaglandinas y los eicosanoides) que regulan numerosas funciones metabólicas.
    Éstos son los objetivos de la dieta Perricone.



    Texto basado en el libro CÓMO VENCER LAS ARRUGAS Y PERDER PESO de Nicholas Perricone


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