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martes, 21 de junio de 2011

¿QUÉ ES LA CETOSIS?

No es la primera vez que lo comentamos, pero como últimamente vemos que están en auge diferentes dietas que nos dicen que no tendremos hambre al llegar a una fase de cetosis, creemos interesante incidir algo más sobre el tema.
Son en esencia a todas aquellas dietas en el que está prohibido durante un cierto tiempo el consumo de cualquier tipo de hidratos de carbono. No son extremadamente novedosas ya que una de estas dietas seria la dieta del doctor Atkinson, aunque cada una presentará alguna variante como el consumo de algunas barras, sobres... Perdonad que sea tan mal pensada, quizás sean esos productos el negocio principal en el que se sustentan.

Intentaremos responder a la pregunta que todos deberíamos formularnos ante palabras cuyo significado desconocemos. ¿Qué es la cetosis?
Hemos encontrado exposiciones de varios autores que nos parecen muy interesante compartir con todos vosotros, aunque procuraremos simplificarlo primero con nuestras palabras.
La idea principal de este tipo de dieta consiste en no consumir energía en forma de hidratos de carbono.
Como ya hemos explicado en innumerables ocasiones, si la energía que nos aportan no es utilizada, se acumula en forma de glucógeno, que servirá de fuente para alimentar nuestro cerebro, y llenos nuestros depósitos de glucógeno, el resto se acumulará en forma de grasa.
Pero cuando no ingerimos hidratos de carbono ni grasas, nuestro organismo deberá recurrir a nuestra reserva de grasa para aportar energía a nuestras células.
La ventaja de estas dietas es que realmente se consigue una pérdida de peso relativamente rápido, aunque por cuestiones de salud no debería más quemantenerse sólo durante unos días.
Además, también también hemos leído en muchas ocasiones, lo más complicado para una persona que pierde peso es no volver a recuperar los kilos, y en estos casos, donde no ha habido un cambio de hábitos alimenticios, tampoco parece muy posible.
Esto es sólo un simple resumen. Sin embargo, vamos a profundizar más en el tema de la cetosis. ¿Es tan sano el ayuno como algunos dicen? El efecto sería idéntico, el cuerpo recorre a sus reservas de grasa. En el libro Quimica para el nuevo Milenio- 8b, escrito por John William Hill,Doris K Kolb nos ofrecen otro punto de vista, según mi opinión, bastante certero. Nos adentramos pues a profundizar sobre el tema que desarrollamos: la cetosis.

Cuando se priva totalmente de alimentos al organismo, voluntaria o involuntariamente, cuando realizamos un ayuno total, las reservas de glucógeno se agotan rápidamente y organismo recurre a su reservas de grasas. La primera grasa que se utiliza es la que rodea al corazón y a los riñones, y luego se toma de otras partes del cuerpo. Finalmente, hasta la médula ósea, que también es un depósito de grasa, se agota, y se vuelve roja y gelatinosa cuando en un estado normal sería blanca y firme.
Cuando el cuerpo tiene que obtener la energía de las grasas almacenadas se produce la cetosis, en la que aparecerá en la orina los compuestos llamados cuerpos cetónicos. Uno de ellos es la acetona. Los otros son el ácido acetoacético y el ácido b-hidroxibutírico. En conjunto estas sustancias se llamaron cuerpos cetónicos aunque una de ellas no es una cetona. Dos de ellos son ácidos.
La Cetosis rápidamente se convierte en acidosis, el pH de la sangre baja y obstaculiza el transporte de oxígeno. La falta de oxígeno produce depresión y letargo.

En las dietas bajas en carbohidratos más extremas se induce deliberadamente la Cetosis. Es natural que dos de los efectos secundario sea la depresión y letargo. En las primeras etapas de una dieta deficiente en carbohidratos, el organismo convierte los aminoácidos en glucosa. El cerebro necesita glucosa; no puede obtener suficiente energía de las grasas. Si en la dieta hay suficientes proteínas adecuadas se salva las proteínas de los tejidos.
En las primeras etapas las proteínas del cuerpo se metabolizan con relativa rapidez. Después de varias semanas, la tasa de catabolismo de las proteínas baja considerablemente, a medida que el cerebro se ajusta al uso de los productos de catabolismo de los ácidos grasos como fuente de energía. Una vez que se reducen sustancialmente las reservas de grasas, el cuerpo debe recurrir una vez más a sus proteínas estructurales para obtener la energía que requiere.
Incluso las dietas bajas en carbohidratos que incluyen suficientes proteínas adecuadas hacen sufrir a nuestro organismo, el cual debe deshacerse de los compuestos de nitrógeno (amoníaco y urea) que se forman al descomponerse las proteínas. Esto somete al hígado a un esfuerzo mayor pues es ahí donde se forman los frutos de desecho.
Es interesante señalar que, al contrario de lo que mucha gente cree, el ayuno no limpia el organismo. De hecho ocurre lo contrario. Un cambio al catabolismo de grasas producen los cuerpos cetónicos de catabolismo de proteínas produce amoníaco, urea y otros desechos.

La formación de los cuerpos cetónicos se forman en el hígado y en menos proporción en el riñón. Las cetonas son metabolitos que se obtienen de la oxidación de los ácidos grasos por el hígado y que pasar la sangre. Cuando el hígado contiene cantidades normales de glucógeno no se produce más cetona que la que puede ser utilizada por los músculos y por los tejidos.
Cuando la dieta es deficiente en carbohidratos, especialmente en la glucosa, o hay problemas del metabolismo del carbohidrato como sucedería en personas con diabetes, se presenta una disminución de glucógeno hepático, lo que provoca una sobreproducción de ácidos grasos a partir de las grasas del organismo con una producción excesiva de cetonas. En tales circunstancias, la producción de cetonas excede la capacidad de los tejidos para oxidarlas, lo que causa la Cetosis, caracterizada por la acumulación de cetonas en sangre y su excreción por la orina.
En la sangre y otros líquidos tisulares está cetonas se combinan con bases, lo cual implica que en el caso de la Cetosis se reduzca la reservas alcalinas del organismo, con reducción concomitante del poder de combinación del plasma con el CO2 y se constituye así a la acidosis.
El aumento progresivo de la cetonuria (excreción por la orina de las cetonas) es de pronóstico grave, resultado del peligro la producción de los ácidos diacético y Beta hidroxibutírico. La presencia de estos ácidos en la orina, especialmente del segundo, amenaza de un posible coma diabético.
La Cetosis prolongada puede reducir la resistencia y ocasionar cansancio, además de provocar síntomas gastrointestinales. Se han descrito síntomas colaterales indeseables como litiasis vesicular y renal y disminución de la masa ósea. Debido al aumento de la demanda que produce las dietas hiperproteicas sobre la función excretora se puede exacerbar una alteración preexistente de la función renal por lo que estas dietas podrían ser peligrosas en algunos pacientes.
Cetosis el estado en el que se acumularon cuerpos cetónicos en los tejidos y líquidos corporales. Los signos de Cetosis o nauseas, vómitos y dolor gástrico que puede conducir a la cetoacidosis, siendo la más conocida es la diabética. Los trastornos o nauseas, vómitos, dolor al orinar, deshidratación, respiración rápida y en casos graves pérdidas de conciencia e incluso letales.


Fuente:
  • Quimica para el nuevo Milenio- 8b, escrito por John William Hill,Doris K Kolb
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  • Nutrición: texto y atlas, escrito por Hans Konrad Biesalski,Peter Grimm,Peter Grimm (M.D.),Susanne (col.) Nowitzki
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  • lunes, 9 de mayo de 2011

    RIESGOS DEL CONSUMO EXCESIVO DE PROTEÍNAS

    Hemos hablado en varias ocasiones del primordial papel que las proteínas tienen en nuestro organismo. Es la principal fuente de material constitutivo de los músculos, sangre, piel, cabello, uñas y órganos internos, incluyendo corazón y el cerebro, cartílago y huesos.
    La proteína es requerida para la formación de hormonas que controlan una diversidad de funciones corporales tales como el crecimiento, el desarrollo sexual y la velocidad del metabolismo. La proteína también ayuda a evitar que la sangre y los tejidos lleguen a ser demasiado ácidos o demasiado alcalino, y contribuye a regular el equilibrio de agua en el cuerpo.
    La proteína es importante la formación de la leche durante el periodo de lactancia y en el proceso de coagulación de la sangre, además de poder ser utilizado como puente y el calor.
    También hemos mencionado que las proteínas están compuestas por 22 aminoácidos de los cuales ocho no pueden ser generados por nuestro cuerpo y sólo podemos obtenerlo a través de la alimentación, son los llamados aminoácidos esenciales.
    Las proteínas completas serían aquellas que cuentan con esos ocho aminoácidos esenciales entre los que nos encontramos la carne, pescado, huevos, productos lácteos.
    Los incompletos son los granos, legumbres, frutos secos y semillas. Requieren ser mezclado entre ellos para obtener los ocho aminoácidos esenciales.
    Las necesidades de proteína difieren según el estado nutricional, el tamaño corporal y la actividad de cada individuo. Así los requerimientos proteínicos de los niños son más elevados que en los adultos, no debemos olvidar que las proteínas son el medio importante para el crecimiento óptimo.
    La insuficiencia de proteína puede provocar anormalidad en el crecimiento y desarrollo de los tejidos. El cabello, las uñas y la piel se verán particularmente afectados, y el tono muscular será difícil. En los adultos, la deficiencia podría traducirse en falta de vigor y resistencia, depresión mental, decaimiento, débil defensa contra las infecciones, deterioró la cicatrización de heridas y una lenta recuperación de la enfermedad.

    Sin embargo, un exceso en el consumo de proteína puede dar lugar a un desequilibrio de los líquidos corporales.
    El inconveniente del exceso es que el nitrógeno que contiene se transforma en el hígado en amoniaco que los riñones tienen que eliminar, lo que supone un sobreesfuerzo para dichos órganos. También con exceso de gestión de proteínas se favorece la osteoporosis debido a la pérdida de calcio, así como las enfermedades autoinmunes: se recoge en el libro Despejando el camino evolutivo, escrito por José Alonso Quintanilla, Emilia Alonso Fernández.

    ¿Y qué sucede cuando hablamos de una dieta como la dukan altamente hiperproteica en la que la gran mayoría de proteína tiene un origen animal?
    Una alimentación alta en proteína animal aporta todos los aminoácidos esenciales pero suele ir acompañada de una alta ingesta de grasas saturadas y colesterol. Obviamente, si se consumen se consumen, por ejemplo, lácteos desnatados o se sustituyen las proteínas animales por proteínas de origen vegetal, por ejemplo soja, se consigue una reducción en los niveles de colesterol total, LDL colesterol y triglicéridos, lo que contribuiría a proteger contra la enfermedad arterial coronaria.

    El hígado es el principal órgano implicado en el metabolismo de las proteínas? El exceso de proteínas es convertido en hidratos de carbono o grasa y el exceso de nitrógeno es metabólica a lo que en urea para su posterior excreción a través de los riñones. Las dietas ricas en proteínas también da lugar a la formación de cetonas , que son excretadas por los riñones para evitar un aumento de la acidez de la sangre, conocido como cetosis. En consecuencia, los individuos con un trastorno de las funciones hepáticas o renales pueden sufrir diversos problemas relacionados con la acumulación de urea o se tórnase en la sangre, e incluso otras consecuencias metabólicas.
    Debido a que los diabéticos son propensos a sufrir disfunciones renales, la asociación dietética de América recomienda un consumo de proteínas no superior al recomendado.
    Debido a que tanto la urea como las cetonas son excretadas a través de los riñones, puede sobrevenir una deshidratación debido a una excesiva pérdida de líquidos, un efecto que puede alterar la capacidad para soportar las temperaturas ambientales elevadas.
    La gota, una inflamación dolorosa de las articulaciones, puede empeorar con las dietas ricas en proteínas que contienen importantes cantidades de purinas, las cuales son metabólicas en ácido úrico, distinto a la urea. El ácido úrico puede acumularse en las articulaciones y provocar inflamación.
    Las primeras investigaciones sugirieron que la ingesta elevada de proteína, en forma de proteínas purificadas, incrementaba la excreción urinaria de calcio y probablemente provocaba una reducción ósea. No obstante con revisiones recientes han revelado que cuando las proteínas son consumidas. Con la adecuada cantidad de fósforo las pérdidas urinarias de calcio no se incrementaban. No obstante, también nos señalan que una mayor ingesta de fósforo en la dieta diaria incrementa la liberación de calcio endógeno de intestino con un ligero aumento de pérdida de calcio por las heces. En general, algunas investigaciones indican que podemos perder 1 mg de calcio por cada gramo de proteína, una cantidad relativamente insignificante. En cualquier caso... han señalado que las mujeres que consumían más de 95 g de proteínas/día, especialmente proteínas animales, presentaban un aumento del 20% en la incidencia de fracturas de brazo en comparación con las mujeres se consumía menos de 68 g de proteína/día por no obstante, también señalaron que no existía ninguna relación entre la ingesta de proteínas y las fracturas de. Si bien los individuos con una dieta alta en proteínas animales y bajan calcio son más susceptibles a las fracturas de huesos, una aportación adecuada de calcio en la dieta ayuda a mantener los niveles normales de calcio en organismos y a prevenir las fracturas osteoporóticas.
    Recogemos algunos fragmentos del libro Nutrición para la salud, la condición física y el deporte, escrito por Melvin H. Williams

    Según la asociación americana del corazón advierte que el consumo excesivo de proteínas animales aumenta el riesgo de problemas coronarios, diabetes, infartos y tumores.

    Cierto es que si algunos autores indican que el consumo excesivo de proteínas animales aumenta las pérdidas de calcio por la orina, nos encontramos otros que dicen que las proteínas animales son ricas en vitamina A y D, nutrientes indispensables para la asimilación del calcio en los huesos, tal como aparece en el libro Nutrición ortomolecular, escrito por Cala H Cervera, aunque por otro lado nos hable de carne ecológica, se entiende sin haber sido tratados con hormonas, pesticidas, antibióticos... algo bastante utópico en nuestros días. Claro que su autor también nos dice que el consumo excesivo de proteínas vegetales (soja, cereales...) ricas en sustancias como los fitatos pueden contribuir en el aumento de la osteoporosis y problemas óseos en general ya que son inhibidores de calcio y otros minerales, además de que estas proteínas son bajas en vitamina A y D, entre otras cosas como que el excesivo consumo de soja puede afectar las glándulas tiroides, ralentizar el metabolismo, causar aumento de peso, causar fatiga crónica ya que dispone niveles muy altos en cobre...
    nada que ver con los beneficios que nos resumen otros autores sobre las proteínas vegetales ya que disponen antioxidantes, excelente fuente de fibra dietética, alto contenido de micronutrientes: fitoquímicos (como la saponina) y fitoestrógenos isoflavonoides que actúan positivamente sobre los huesos y reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares y determinados tipos de cáncer como el de colon o mama... son sólo algunos pequeños apuntes que leemos en el libro Alimentación y nutrición: manual teórico-práctico, escrito por Clotilde Vázquez Martínez,Ana Isabel Cos Blanco,Consuelo López Nomdedeu.

    Tanta información contradictoria sólo me lleva a pensar que son muchos los interrogantes que quedan por contestar. Si bien todos hablan de la importancia de ingerir una cantidad de proteínas, el abuso de una dieta hiperproteica, ya sea de proteína animal o vegetal, no es en ningún caso recomendable, especialmente a largo plazo.

    sábado, 4 de septiembre de 2010

    LAS PROTEÍNAS: II PARTE

    Las proteínas, desde las humanas hasta las que forman las bacterias unicelulares, son el resultado de las distintas combinaciones entre veinte aminoácidos distintos, compuestos a su vez por carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y, a veces, azufre. En la molécula proteica, estos aminoácidos se unen en largas hileras (cadenas polipeptídicas) mantenidas por enlaces peptídicos, que son enlaces entre grupos amino (NH2) y carboxilo (COOH), e intervienen en diversas funciones vitales esenciales, como el metabolismo, la contracción muscular o la respuesta inmunológica, tal como explicamos más ampliamente en el artículo anterior.
    Se descubrieron en 1838 y hoy se sabe que son los componentes principales de las células y que suponen más del 50% del peso seco de los animales.
    El número casi infinito de combinaciones en que se unen los aminoácidos y las formas helicoidales y globulares en que se arrollan las hileras o cadenas polipeptídicas, permiten explicar la gran diversidad de funciones que estos compuestos desempeñan en los seres vivos.
    Las moléculas proteicas van desde las largas fibras insolubles que forman el tejido conectivo y el pelo, hasta los glóbulos compactos solubles, capaces de atravesar la membrana celular y desencadenar reacciones metabólicas. Tienen un peso molecular elevado y son específicas de cada especie y de cada uno de sus órganos. Se estima que el ser humano tiene unas 30.000 proteínas distintas.
    Las proteínas sirven sobre todo para construir y mantener las células, aunque su descomposición química también proporciona energía, con un rendimiento de 4 kilocalorías por gramo, similar al de los hidratos de carbono.
    Las proteínas animales y vegetales no se utilizan en la misma forma en que son ingeridas, sino que las enzimas digestivas (proteasas) deben descomponerlas en aminoácidos que contienen nitrógeno.
    Las proteasas rompen los enlaces de péptidos que ligan los aminoácidos ingeridos para que éstos puedan ser absorbidos por el intestino hasta la sangre y reconvertidos en el tejido concreto que se necesita.
    Es fácil disponer de proteínas de origen animal o vegetal. De los 20 aminoácidos que componen las proteínas, ocho se consideran esenciales es decir: como el cuerpo no puede sintetizarlos, deben ser tomados a través de los alimentos.
    Mientras que las plantas pueden fabricar sus aminoácidos a partir de nitrógeno, dióxido de carbono y otros compuestos por medio de la fotosíntesis, casi todos los demás organismos sólo pueden sintetizar algunos. Los restantes, llamados aminoácidos esenciales, deben ingerirse con la comida. El ser humano necesita incluir en su dieta ocho aminoácidos esenciales para mantenerse sano: leucina, isoleucina, lisina, metionina, fenilalanina, treonina, triptófano y valina. Todos ellos se encuentran en las proteínas de las semillas vegetales, pero como las plantas suelen ser pobres en lisina y triptófano, los especialistas en nutrición humana aconsejan complementar la dieta vegetal con proteínas animales presentes en la carne, los huevos y la leche, que contienen todos los aminoácidos esenciales.
    Si estos aminoácidos esenciales no están presentes al mismo tiempo y en proporciones específicas, los otros aminoácidos, todos o en parte, no pueden utilizarse para construir las proteínas humanas.
    Por tanto, para mantener la salud y el crecimiento es muy importante una dieta que contenga estos aminoácidos esenciales. Cuando hay una carencia de alguno de ellos, los demás aminoácidos se convierten en compuestos productores de energía, y se excreta su nitrógeno.
    Cuando se ingieren proteínas en exceso, lo cual es frecuente en países con dietas ricas en carne, la proteína extra se descompone en compuestos productores de energía.

    Los alimentos de origen animal contienen proteínas completas porque incluyen todos los aminoácidos esenciales.
    En la mayoría de las dietas se recomienda combinar proteínas de origen animal con proteínas vegetales. Se estima que 0,8 gramos por kilo de peso es la dosis diaria saludable para adultos normales.
    Muchas enfermedades e infecciones producen una pérdida continuada de nitrógeno en el cuerpo. Este problema debe ser compensado con un mayor consumo de proteína dietética. 
    Asimismo, los niños también precisan más proteína por kilogramo de peso corporal. Una deficiencia de proteínas acompañada de falta de energía da origen a una forma de malnutrición proteico-energética conocida con el nombre de marasmo, que se caracteriza por pérdida de grasa corporal y desgaste de músculos.

    jueves, 19 de agosto de 2010

    PROTEÍNAS: DEFINICIÓN Y FUNCIONES

    Las proteínas son macromoléculas esenciales en la química de la vida. Son componentes estructurales de las células y tejidos, de modo que el crecimiento, la restauración y el mantenimiento del organismo dependen del abastecimiento adecuado de estas sustancias. Por su parte, algunas proteínas actúan como catalizadores o enzimas, moléculas especiales que regulan miles de diferentes reacciones químicas que ocurren en los seres vivos.

    FUNCIONES BIOLÓGICAS DE LAS PROTEÍNAS

    Función enzimática. La gran mayoría de las reacciones metabólicas tienen lugar gracias a la presencia de un catalizador de naturaleza proteica específico para cada reacción. Estos biocatalizadores reciben el nombre de enzimas. La gran mayoría de las proteínas son enzimas.
    Función hormonal. Las hormonas son sustancias producidas por una célula y que una vez secretadas ejercen su acción sobre otras células dotadas de un receptor adecuado. Algunas hormonas son de naturaleza proteica, como la insulina y el glucagón (que regulan los niveles de glucosa en sangre) o las hormonas segregadas por la hipófisis como la hormona del crecimiento, o la calcitonina (que regula el metabolismo del calcio), pero existen hormonas que no son proteínas (las hormonas sexuales y las hormonas producidas por la tiroides, entre otras).
    Reconocimiento de señales químicas. La superficie celular alberga un gran número de proteínas encargadas del reconocimiento de compuestos químicos de muy diverso tipo: receptores de hormonas, de neurotransmisores, de anticuerpos, etc. En muchos casos, los ligandos que reconoce el receptor (hormonas y neurotransmisores) son también de naturaleza proteica y en otros casos son organismos (bacterias, virus).
    Función de transporte. En los seres vivos son esenciales los fenómenos de transporte, bien para llevar una molécula hidrofóbica a través de un medio acuoso (transporte de oxígeno o lípidos a través de la sangre) o bien para transportar moléculas polares a través de barreras hidrofóbicas (transporte a través de la membrana plasmática). Los transportadores biológicos son siempre proteínas.
    Función estructural. Las células poseen un citoesqueleto de naturaleza proteica que constituye un armazón alrededor del cual se organizan todos sus componentes, y que dirige fenómenos tan importantes como el transporte intracelular o la división celular. Por otra parte en los tejidos de sostén (conjuntivo, óseo, cartilaginoso) de los vertebrados, las fibras de colágeno (una proteína fibrosa) forman parte importante de la matriz extracelular y son las encargadas de conferir resistencia mecánica tanto a la tracción como a la compresión.
    Función de defensa. La propiedad fundamental de los mecanismos de defensa es la de discriminar lo propio de lo extraño. En bacterias, una serie de proteínas llamadas endonucleasas de restricción se encargan de identificar y destruir aquellas moléculas de ADN que no identifica como propias. En los vertebrados superiores, las inmunoglobulinas (anticuerpos) se encargan de reconocer moléculas u organismos extraños y se unen a ellos para facilitar su destrucción por las células del sistema inmunitario.
    Función de movimiento. Todas las funciones de motilidad de los seres vivos están relacionadas con las proteínas. Así, la contracción del músculo resulta de la interacción entre dos proteínas, la actina y la miosina. El movimiento de la célula mediante cilios y flagelos está relacionado con las proteínas que forman los microtúbulos. En ambos casos se trata de proteínas citoesqueléticas.
    Funciones de reserva. La ovoalbúmina de la clara de huevo, la lactoalbúmina de la leche, la gliadina del grano de trigo y la hordeína de la cebada constituyen una reserva de aminoácidos para el futuro desarrollo del embrión.
    Funciones reguladoras. Muchas proteínas se unen al ADN y de esta forma controlan la transcripción génica. De esta forma el organismo se asegura que la célula, en todo momento, tenga todas las proteínas necesarias para desempeñar normalmente sus funciones. Las distintas fases del ciclo celular son el resultado de un complejo mecanismo de regulación desempeñado por proteínas como la ciclina.
    Otras funciones. Los fenómenos de transducción (cambio en la naturaleza físico-química de señales) están mediados por proteínas. Así, durante el proceso de la visión, la rodopsina de la retina convierte (o mejor dicho, transduce) un fotón luminoso (una señal física) en un impulso nervioso (una señal eléctrica) y un receptor hormonal convierte una señal química (una hormona) en una serie de modificaciones en el estado funcional de la célula.